Lacónico encuentro mi aliento,
torturado saliendo de dentro,
poco aire llena el saco dormido
del pulmón hermano de mi corazón yaciente .
Las palmas que tocan la piedra,
que dentro encierran palabras,
que dentro contienen susurros,
lamentos de la vida pasada.
Y dentro encierro mi alma
en el frio útero de tus crueles palabras,
y en lapsos armados, centuriones crueles
encadenan mis manos a tu extraño destino,
delirante compendio de días sin noches.
Y en los fotones errantes
de la luz que se filtra
no encuentro camino,
no atisbo salida.
Escaparme de tí,
huir de tu niebla salvaje,
de tu ocaso sin nombre,
de tus horas hirientes,
insistentes canívales que devoran mi vida.
Y poco a poco petrifico mi carne,
la sangre que huye,
la mirada se pierde,
y no queda más que
corazón de piedra y piel de cristal.
martes, 27 de abril de 2010
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