Desearía que la oscuridad cerrase mis ojos dormidos,
y Caronte se cobrara las monedas de plata en sus cuencas
que la lluvia torrencial arrancara con sus uñas
los pasos que hundí en las calles desnudas.
Ojala un viento salvaje robara las hojas marchitas de
todas las miradas en las que reflejé las promesas perdidas
y una a una las heridas suturen sus labios
con el pegamento quirúrgico del transcurrir de los días.
Desearía que un detective descarnado investigara y se afanase
en la búsqueda de todos los pedazos de mí que esparcí
y que la monotonía desconecte los cables de mis neuronas,
con la esperanza de que resetee de mi memoria todos los días que huyeron.
Ojala el silencio torcido de las calles insufle en mis pulmones la anestesia necesaria
para dejar de sentir
y el agujero negro de la realidad me atraiga inexorable hacía el tifón de los días
y me engulla hasta diluirme en un pozo contra su oscuro pecho.
miércoles, 10 de junio de 2009
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