lunes, 30 de marzo de 2009

Paraiso encontrado

No soy yo...
ya no existo...
por lo menos no como era ...

Una vez tuve un sueño, una costa de piel blanca en un océano de fuego,
a lo largo de dos contorneadas cordilleras navego, y en el horizonte
una cascada de seda, una fuente de miel, un promesa de algo de no te diré.

Encima un monte y más allá dos lunas floridas de rojos bermellones,
de donde no llega mi vista sopla una brisa caliente, anhelante, imperiosa,
casi jadeante, son cantos de otra vida, silenciosos gritos que pronuncian mi nombre.

Y yo navego anhelante, me introduzco en su tibia niebla, en su húmedo calor,
embadurno mis pieles de su propia esencia y en la herida caliente de mi alma maldita
me encandilo de todos sus gustos y sabores.

Soy empujado por manos invisibles, febriles al contacto, dulces en su ser,
y yo como un niño travieso juego con las caracolas manchandolas de espuma,
bajo la lluvia templada del trópico como esas frutas manchadas, y en un temblor las cordilleras levantan hileras de agua sobre mis hombros quemados.

Cuerdas de piel agarran mis flancos hiriendo gustosos bajo las costillas,
y espolean el viento y remueven las olas que endulzan mi alma y atrapan mi cuerpo,
y bailan las voces se unen y adoran se atrapan y embelesan en un baile bendito, una oración sencilla, que en cada verso implora no separarse nunca.

Y salto del risco, con clavos ardiendo estrechados en los hijares del mundo, y a borbotones brota
su dulce jugo, las pupilas se enturbian de superficie lechosa, y tras ellas extalla la gloría del cielo,
la tierra tiembla absorta pensando despacio imaginando después todas las veces que te podría tener.

Yazco dormido sobre la blanca costa, encajado en todos sus espacios huecos, porque mi cuerpo y las costa es la misma cosa, desde ahora y por siempre, somos carne, corazón y alma, el mismo y eterno existir.

En un punto inexacto entre la tierra y el cielo, existe un paraiso antaño olvidado, Valhala de mi cuerpo, Aaru de todos mis sentidos e Iluminación de mis días y mis noches.

No soy yo,
ya no existo,
por lo menos no como solía ser ...

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Después... El sol asoma y el mar seguirá muriendo la arena. En tu huella desnuda meteré el pie y sabré que estamos aquí, aún, y ahora.